Cuscuta es un
género de entre 100 a 170
especies de
plantas parásitas de color amarillo, naranja ó rojo (raramente verde).
Es el único género en la familia
Cuscutaceae, pero investigación genética del
Grupo para la filogenia de las angiospermas, ha mostrado que sería correcto llevarlas a la familia
Convolvulaceae.
El género se halla entre regiones templadas a tropicales, cientos de
especies; el género es raro en climas templados fríos, salvo algunas
especies nativas del nordeste de
Europa y del sur de
Sudamérica.
Se las identifica por sus finos tallos casi sin hojas, donde las
hojas se reducen a minúscula escala. Así sin
clorofila,
son incapaces de fotosintetizar efectivamente, volviéndose
completamente dependientes de las plantas parasitadas para su nutrición.
Cuscuta europaea en floración.
Sus rangos de color de las
flores
varían de blanco, a rosado, y a amarillo crema. Florecen a principios
de verano, otras más tarde, dependiendo de las especies. Las
semillas son diminutas y producen gran cantidad. Pueden sobrevivir en el suelo por 5 a 10 años.
Las semillas de cúscuta
germinadas sin un
huésped,
se mantienen como planta verde; pero solo por un máximo de 10 días de
germinada, luego mueren. Como toda planta recién nacida, su alimentación
depende de los
cotiledones para alimentarse.
Después que la cuscuta ataca a otra planta, se enrosca en ella, y si
el hospedante parasitado la alimenta bien, la cuscuta produce
haustorios
que se insertan en el sistema vascular del parasitado. Las raíces
originales de la cuscuta mueren. Las cúscutas puedes crecer y atacar a
múltiples especies. En áreas tropicales puede crecer más o menos
continuamente, y puede llegar hasta el dosel de arbustos y árboles; en
zonas templadas puede ser una
planta anual y se va regenerando con siembras en cada primavera.
La cuscuta parasita sobre una amplia variedad de plantas, incluyendo especies agrícolas y hortícolas, como
alfalfa,
lespedeza,
lino,
trébol,
patata,
crisantemo,
dalia,
helecho,
petunia, entre otras.
El rango de severidad de ataques depende de la especie de
Cuscuta, de la especie
hospedante, del tiempo de ataque, y si hay
virus o
fitoplasmas
presente en la planta parasitada. Al debilitarlas, la cúscuta disminuye
su habilidad para resistir enfermedades de virus y fitoplasmas, y hasta
la cuscuta puede expandir enfermedades fitopatológicas de huésped en
huésped.
Hierbajo parasitario olisquea sus presas
Por RANDOLPH E. SCHMID - Redactor Ciencia AP
28-09-2006

WASHINGTON (AP) – La planta parasitaria llamada cuscuta (
ver foto izqda.) no tiene nariz, pero sabe como olfatear a sus presas.
La cuscuta ataca a plantas como el tomate, la zanahoria, las
cebollas, los cítricos, los arándanos, la alfalfa e incluso a las
flores, y es todo un problema para los granjeros ya que los compuestos
químicos que acaban con esta peste también dañan a los cultivos de los
que se alimenta.
De modo que descubrir cómo localiza esta planta parásito a sus
presas podría ayudar a encontrar una forma de bloquearla, o a enseñar a
las cosechas a defenderse por si mismas, comentan los investigadores de
la Universidad del Estado de Pennsylvania.
La cuestión de cómo encuentra la cuscuta a sus plantas huésped ha
desconcertado a los investigadores. Muchos pensaban que simplemente
crecía en direcciones aleatorias, de modo que encontrar a una planta a
la que atacar era cosa de casualidad.
Pero los investigadores, dirigidos por
Consuelo M. de Moraes
descubrieron que si ubicaban plantas de tomate cerca de una cuscuta
germinando, el parásito se giraba hacia el tomate en un 80 por ciento de
las ocasiones.
Y cuando rociaron elementos químicos con esencia de planta de tomate
sobre una goma, el 73 por ciento de las cuscutas del semillero giraban
en esa dirección.
“Esto abre una nueva avenida” en el entendemiento de las plantas
parasitarias, comentó la investigadora principal, Consuelo de Moraes a
través de entrevista telefónica.
El coautor Mark C. Mescher añadió: “una de las cosas más
interesantes que hemos descubierto es que las plantas toman decisiones”.
Cuando mostraron al semillero de cuscutas plantas de tomate y de trigo, prefirieron el tomate.
La cuscuta infectará el trigo si no hay otra elección, comentó
Mescher, pero descubrieron que uno de los componentes volátiles expedido
por el trigo repele a la cuscuta, de modo que si les dejan elegir
prefieren el tomate.
De modo que, encontrar un compuesto que tienda a repelerles podría
conducir a formas que, o bien sirvieran para tratar a las cosechas para
que resistan a la cuscuta, o bien a modificarlas mediante ingeniería
genética para que produjeran por si mismas el compuesto, comentó
Mescher.
A pesar de sentirse atraídas por las plantas de tomate y por los
compuestos químicos que liberan, las cuscutas no demostraron interés en
particular cuando se les ofreció una imitación de planta de tomate, una
maceta con tierra húmeda, o viales que contenían agua de color rojo o
verde.
Por supuesto las plantas no tienen nariz, de modo que no está muy
claro el modo en que perciben los elementos químicos expedidos por las
potenciales plantas anfitrión. Cuando brotan de los semilleros, tienden a
rotar en varias direcciones, y de algún modo perciben la dirección
desde la que llegan con más fuerza los elementos químicos, y entonces
comienzan a crecer hacia allí, comentó Mescher.
Mescher comentó que muchas plantas responden a la luz inclinándose
en una dirección u otra, y algunos investigadores han indicado que las
plantas podrían ser capaces de percibir los elementos químicos emitidos
por otras plantas que son atacadas por insectos.
Rick Gibson, agente de latifundios de la Universidad de Arizona, comentó que estaba sorprendido por el descubrimiento.
“Ese estudio suena fascinante, si podemos replicarlo”, comentó
Gibson, que no forma parte del equipo dirigido por Consuelo de Moraes.
La cuscuta trepadora no tiene raíces y no puede producir su propia
comida. Si no encuentra un anfitrión durante los primeros días tras la
germinación, muere.
Cuando germina y encuentra una víctima, comienza a crecer
arremolinándose alrededor de la planta anfitrión. Inserta una especie de
zarza en forma de clavo en la planta y se alimenta de ella.
De Moraes y su equipo trabajaron con una especie de cuscuta llamada
Cuscuta pentagona,
pero existen unas cuantas variedades de cuscutas con estilos de vida
similares. Normalmente son amarillas o naranjas y pueden cubrir por
completo y matar a sus anfitriones. Las cuscutas producen racimos de
pequeñas flores blancas o rosadas de las que brotan sus semillas.
La investigación fue financiada por la Fundación David y Lucille Packard y por la Fundación Arnold y Mabel Beckman.
El estudio apareció publicado en Science el 29/09/2006.